TANGO
03 de septiembre de 2010
Los Ángeles, 3 sep (EFE).- Para el actor, bailarín y coreógrafo argentino Pablo Verón, el tango puede contribuir a solucionar problemas sociales debido a que es una danza que necesita amor, pues te obliga a entender que el otro no representa un peligro.
Verón ha sido figura clave en el renacimiento de este baile luego de protagonizar la cinta "La Lección de Tango" (1997), de la inglesa Sally Potter, que obtuvo el Ombu de Oro del Festival Internacional de Cine de Argentina.
Actualmente, bailarines en todo el mundo interpretan e innovan sobre la base de la herencia musical y de movimiento originada durante de la época de oro del tango en Buenos Aires en las décadas de los treinta, cuarenta y cincuenta.
Con más de 20 años como coreógrafo, bailarín y maestro de tango, Verón ha bailado para los presidentes Bill Clinton y Carlos Saúl Ménem, además de haber ganado una beca Guggenheim en el 2000 como coreógrafo.
En 1997 creó la coreografía para una versión de la ópera Carmen dirigida por Potter, y recientemente ha presentado en gira el proyecto musical "Tanghost", basado en la obra "Los Fantasmas" de Ibsen, con música original de Sverre Indris Joner que explora los temas de la soledad en el mundo civilizado y la cultura nórdica.
Verón dijo a Efe durante su visita a California que en su trabajo como coreógrafo aspira a crear vínculos entre formas artísticas como el hip-hop y la música electrónica junto con la tradición de maestros con los que aprendió el baile, entre ellos Miguel Balmaceda, padre del también coreógrafo y estrella de tango actual Julio Balmaceda.
"Miguel era un estibador en el puerto de Buenos Aires, no era atlético, pero cuando se movía era único, hermoso, suave, sofisticado, perfecto en mi opinión. Su capacidad de improvisación me reveló un aspecto importante del tango", dijo Verón.
El tango argentino, según Verón, no es una danza fácil de aprender pues su complejidad involucra no solamente la riqueza musical de esta tradición sino una búsqueda de libertad a través de la improvisación y del entendimiento del otro.
No fue sino hasta 10 años después de haber comenzado a bailar que sintió que por fin estaba bailando tango, por lo que considera importante compartir con bailarines de otras latitudes sus experiencias de aprendizaje.
"Desde el principio, deseaba la facilidad de movimiento de los mejores bailarines. Sentía que mi baile involucraba mucho esfuerzo. Les envidiaba la libertad con la que se movían", dijo.
Paradójicamente, Verón aseguró que este baile "debe brindar gozo, eliminar la tensión escondida, si no se puede hacer eso hay que tomarse un descanso, explorar otra técnica pues creo la perfección técnica por sí misma lleva a un callejón sin salida".
Verón forma parte de un selecto grupo de instructores que viaja por el mundo enseñando el tango argentino y como parte de la gira sostuvo un encuentro con bailarines del área de Los Ángeles, quienes acudieron al estudio "Oxygen", dirigido por Mitra Martin y Stefan Fabry, para tratar de entender la naturaleza de este baile.
Para el coreógrafo, entre más se baila, el baile se adentra en la sensibilidad. "Lo trágico es que a veces hay una distancia entre la idea y lo que tu cuerpo puede hacer. Por eso es importante practicar, encontrar a alguien con el que puedas practicar", señaló.